No lo intente: los niños no reconocen el sarcasmo

Los niños no reconocen el sarcasmo

Shutterstock / Brian A Jackson

Mireia Orgilés, Universidad Miguel Hernández y José Pedro Espada, Universidad Miguel Hernández

“¡A ver si puedes salpicar un poco más!”, dijo a su hija al comprobar que el momento del baño había convertido la habitación en un estanque. La pequeña Olivia, con una sonrisa de incredulidad, comenzó a zarandear sus brazos alegremente con más intensidad, disfrutando del espectáculo, ante la cara descompuesta de su padre.

La ironía usa el lenguaje queriendo dar a entender algo que no se corresponde literalmente con lo que se dice. Todos la empleamos de forma habitual. El sarcasmo supone un uso particular de la ironía dirigido a la burla. Es una ironía mordaz y cruel con la que se ofende o maltrata a alguien o algo.

La comunicación es un proceso psicolingüístico en el que descodificamos el mensaje de nuestro interlocutor de forma que llegue a entenderse su sentido. Implica la participación de distintas habilidades lingüísticas, pero también sociocognitivas y comunicativas, donde intervienen aspectos del desarrollo cognitivo (por ejemplo, las habilidades de comprensión del lenguaje) y también del mundo social.

Los niños pueden tener dificultad para entender la ironía y el sarcasmo cuando no son capaces de “descifrar” la intención comunicativa de la otra persona, que en este caso requiere de una interpretación de su sentido comunicativo. Le ocurre también a algunos adultos. Es además un rasgo característico del espectro autista, que se caracteriza por esa literalidad incompatible con la ironía.

Los estudios sugieren que comprender la ironía implica unas habilidades tardías, que surgen sobre los 5 o 6 años de edad. Puede ser más tarde, y depende de la complejidad del mensaje irónico-sarcástico y de las pistas a las que puede recurrir la persona para interpretarlo correctamente.

Depende de la edad y el contexto

Hay contextos en los que un niño, según la edad, puede descifrar más fácilmente un comentario sarcástico. Por ejemplo, cuando en el colegio uno le dice a otro al fallar un tiro a puerta “Eres un fenómeno jugando al fútbol”, el niño objeto de este falso elogio puede entender que en realidad le están echando en cara su falta de habilidad.

Pero otras situaciones son más ambiguas. La auténtica intención del emisor puede pasar desapercibida, por ejemplo, cuando a un niño que atrona con su voz a su profesor, este le dice bromeando: “¡A ver si puedes hablar más fuerte, no te escuchan bien en China!”. En este tipo de situación, el niño debe percibir distinto tipo de información para entender que su profesor en realidad le está solicitando lo contrario de lo que dice literalmente.

Hay elementos de la conducta no verbal que ayudan a entender el mensaje sarcástico, y que un niño aún no percibe: el tono del emisor, su lenguaje gestual y otros elementos del propio contexto.

En la comprensión de la ironía intervienen además otro tipo de capacidades que provienen de la denominada teoría de la mente, es decir, la capacidad para comprender la conducta del otro, su intención y estado emocional. Implica interpretar acertadamente qué tiene el otro en su cabeza y, por lo tanto, cuál es su intención comunicativa. Muchos niños están en proceso de desarrollar esta capacidad y confunden su propio conocimiento con el conocimiento del resto de personas (por ejemplo, en historias donde se les pide que anticipen la respuesta de una niña que va a buscar su muñeca guardada en un lugar donde previamente la había depositado, sin conocer –nosotros sí– que otro niño la había cambiado de lugar). La mayoría falla en su predicción cuando no ha desarrollado las habilidades mentalistas.

¿Se puede entrenar su comprensión?

El sarcasmo es una forma común de lenguaje social, pero puede ser un desafío para que lo entiendan los niños. Lee, Sidhu y Pexman (2021) investigaron si la práctica mediante entrenamiento podría mejorar la capacidad de los niños para comprender el sarcasmo. Participaron niños de 5 y 6 años. Unos recibían entrenamiento y otros actuaban como control.

Los niños vieron unos espectáculos de marionetas. Después de cada historia se preguntaba a los niños sobre las ideas del narrador, sus intenciones y su sentido del humor. Los hallazgos de este estudio demostraron que distintos aspectos de la comprensión del sarcasmo podían potenciarse mediante entrenamiento.

Pistas para reconocerlo

Para el reconocimiento del sarcasmo irónico, los adultos nos solemos basar sobre todo en dos indicadores: el contexto en el que se hace el enunciado y la entonación del emisor. Varios expertos encontraron que los niños eran capaces de reconocer el sarcasmo cuando el emisor usaba una entonación sarcástica, pero fallaban sin esa pista de la entonación, incluso cuando el contexto sugería una interpretación no literal.

En otros experimentos se confirma que los niños dependen mucho más de la entonación y son en mayor medida ajenos al sarcasmo implícito en el contexto.The Conversation

Mireia Orgilés, Catedrática de Universidad. Experta en Tratamiento Psicológico Infantil, Universidad Miguel Hernández y José Pedro Espada, Catedrático de Psicología, Universidad Miguel Hernández

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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